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martes, 6 de agosto de 2013

52.

Recuerdo el sonido de aquella risa jocosa al escucharme llorar. Recuerdo cómo me gritabas que llorara. Recuerdo cómo te mofabas de mis lágrimas.

Intento olvidar, te juro por lo más sagrado que intento olvidar todo ese daño...pero no puedo. ¿Cómo se supone que puedes olvidar que la que se supone que es "la persona que más te quiere y querrá" del mundo, te hace llorar y se alegra de ello? ¿Cómo puedo aceptar que a una madre le guste causar dolor a su única hija? ¿Cómo debo entender todo esto?

De pequeña, siempre eran las mismas frases... "no debes pronunciar el verbo 'odiar' porque es una palabra muy fuerte y muy fea", "no debes morderte las uñas", "debes integrarte más con tus amigos", etc. Debes, debes, debes, debes... ¿acaso significa la palabra deber algo para ti? No sé, no lo sé. No sé cuándo las cosas se volvieron de esta manera. Quizás fue mi culpa, eso no lo sé. Lo único que conozco a ciencia cierta es que, cuando era muy pequeña y hacía lo que querías, siempre todo eran rosas.

Pero me cambié de colegio y el odio de mis compañeros hacia mí me corrompió... aún así creo que deberías sentirte orgullosa de que nunca haya repetido, ni fumado, ni bebido, ni mierdas varias a causa de aquello. Pero no. Aquí solo te sientes orgullosa cuando cuentas a los demás que tu hija está estudiando una carrera y que las ha aprobado todas. Solo en ese momento parece que se te olvida todo.

¿Por qué tu hija ha pasado de ser alguien súper cercano y cariñoso a alguien lejano y frío? ¿Te lo has preguntado alguna vez? ¿Has pensado en cualquier causa? ¿Acaso te has preocupado por ello? Cuando tenía sobre 13-14 años, me llevaste a un puto psicólogo a una sola sesión "porque te contestaba mal". Pero claro, según la psicóloga yo era "una pequeña Hitler" y blablaba. Si se hubiera molestado en indagar un poco, sería más que obvio que me comportaba de una manera agresiva por lo que vivía a diario en el puto colegio. Pero no.

Ahora claro, como "estoy muy mal", me mandan a otra puta psicóloga. Es gracioso porque, tras cada sesión, preguntáis "¿ya estás curada, no? No tienes que volver más". Y yo solo empeoro y empeoro más. Pero lo más gracioso, y a la vez lo más triste, es que el único motivo por el que sigo viva es por vosotros, mi padre y mi madre, porque no quiero ser tan egoísta como para joderos la vida con mi muerte. A veces creo que ni os importaría el hecho de que yo me fuera, sinceramente. Ahora mismo te odio, mamá. Mucho. Y odio esto porque a la vez te quiero, pero siento que no te lo mereces.

domingo, 31 de marzo de 2013

49.

Observa cómo las llamas devoran a la leña en la fría oscuridad. Se ríe mientras una lágrima se desvanece en aquel lúgubre lugar. Es gracioso, piensa, la leña solo brilla cuando está siendo convertida en cenizas, ¿pasará lo mismo con las personas?. Observa su sombra en aquella pared de ladrillo cubierto de cemento mientras se seca la nariz con la manga de aquella enorme sudadera que tanto le gusta. Vuelve a mirar la hoguera, hipnotizada. Le encanta mirar cómo el fuego arrasa con todo lo que está en su camino, en cierto modo, se siente identificada. Destruye todo lo que está a su alrededor. Destruye a la gente que quiere. Se destruye hasta a sí misma. Pero ella nunca podrá brillar como lo hace una llama, nunca podrá ser tan "hipnótica". En ese aspecto es como la ceniza. Ya está muerta. Es negra, como la oscuridad que la atrapó hace ya mucho tiempo. Y se deshace más por momentos.

Nadie puede salvarla, es demasiado tarde. La llama que se destruyó a sí misma sin ni siquiera haber brillado por un instante. Resulta irónico. Pero ella no es como el Ave Fénix. Ella no puede resurgir de sus propias cenizas. Pero, aún con todo esto, "lo que está muerto, no puede morir". Seguirá destruyendo todo lo que aprecia, aunque no quiera. ¿Por qué? Porque siempre ha sido así.




martes, 5 de marzo de 2013

41.

-¿Por qué te gusta tanto ir al gimnasio? -preguntó él.
-Pues... -se quedó pensativa un momento-, porque estoy gorda; porque no puedo dejar de comer como el año pasado; porque me doy demasiado asco; para intentar ser buena en algo; para ser delgada como cuando era pequeña; para que no se sigan riendo de mí; para dejar de dar asco; para que me dejen de rechazar porque soy gorda y fea; porque, ya que no puedo dejar de ser fea, por lo menos dejar de ser gorda; porque necesito sentir cómo la grasa se quema; porque necesito matarme y sentir el dolor; porque así me desahogo; porque nunca seré buena en nada; porque soy un fallo; porque nunca nadie me querrá; porque cada día me odio más; porque necesito que mi mente se calle; necesito que ella se calle; porque necesito sentir ese entumecimiento al sobreentrenar porque, no sé, supongo que le he cogido el gusto a hacer ejercicio -respondió, finalmente, con la sonrisa rota.


domingo, 17 de febrero de 2013

25.

Ella estaba acostada, intentando dormir, sus padres habían estado discutiendo mientras ella se duchaba en el hotel. Sintió una mano tocándole el pie y se sobresaltó. Ahí estaba su madre, mirándola -como siempre-, con esa mirada de superioridad.

-¿Qué quieres ahora? -dijo ella.
-Nada -se rió su madre.
-Dios, te odio, ¡mira lo que estás haciendo!
-¿Qué estoy haciendo, dime? -notaba la burla en su mirada y en sus palabras.
-Estás jodiendo esta familia -susurró conteniendo las lágrimas.
-¿Yo? No me hagas reír, tú eres la culpable de todo.
-No puedes hacerme esto, yo no tengo la culpa de esto -dijo, notando cómo se le rompía la voz y empezaba a llorar.
-Eso es, llora -dijo riéndose-. Lo que a ti te pasa es que estás celosa de que yo tenga a alguien que me quiera, y tú vas a morir sola porque das asco.
-Por favor, para -suplicó llorando.
-¿Qué? ¿Te jode que tu madre esté mucho mejor que tú o qué? -dijo sonriendo.
-Solo eres un puto saco de huesos -respondió ella con rabia, sabiendo que ella quería ser un saco de huesos.
-Pues para ser eso, me piropean siempre y me desnudan con la mirada.
-Te odio, mamá, te odio mucho.
-¡Parad! -dijo su padre- Y tú -dirigiéndose a su madre-, tú vete a ducharte que por hoy ya has hecho suficiente.

Y su madre se fue sonriente al baño a darse la ducha, seguramente orgullosa de haber vuelto a romper a su hija.


viernes, 15 de febrero de 2013

19.

Ahí vuelve a estar ella, frente al espejo, mirándolo fijamente sin ver nada, no está en este mundo. ¿Por qué? se pregunta continuamente.

-Estás delgada -dicen todos.

Pero nadie se da cuenta de que no es "estar delgada", es "verse delgada". Ese es el problema. Ella se mira al espejo, ve grasa, ve a un monstruo, ve la peor de las torturas: su físico.

-Mira tu cara -susurra-, es asquerosa. Mira tu nariz, tu boca, la forma de tu cara, las cejas. Todo. Tienes hasta la cara gorda -se estira la piel de la cara-, ¿qué he hecho yo para merecer esto? -cierra los ojos.

Es gracioso para todos, porque ella se hace fotos "divertidas", pero la realidad es bien distinta. Le da asco su cara, pero no puede "aceptarla" de otra forma que no sea exagerando expresiones así por lo menos parece que esta monstruosidad está hecha de manera consciente.

Respecto a su cuerpo, ¿qué decir? Sigue luchando por no volver a dejar de comer. A veces "es feliz" porque se ve "bien". Pero lo que más odia son sus piernas porque dan demasiado asco.

¿Lo más triste? Que ella solo puede ser salvada por su peor enemiga, ella misma.


miércoles, 13 de febrero de 2013

17.

Mira por la ventana, con la mirada vacía.

Hace tantos años de su muerte...

Le echa de menos, más que a nadie en el mundo. Es extraño cómo se acuerda perfectamente de él cuando este murió cuando ella tan solo tenía 3 años. Es curioso cómo no puede contener las lágrimas al acordarse de él. Es gracioso cómo una persona que se ha ido puede ser la persona a la que más quieres en este mundo. Todo se resume en él, en su bisabuelo.

Él tenía alzheimer y solo se acordaba de ella, ni de sus hijos, ni de su esposa, tan solo de ella. Recuerda perfectamente una escena en la que estaba ayudando a su madre a curarle las heridas. Ella quería ser enfermera, pero después de eso, no quiso volver a escuchar nada sobre el tema.

Después de su muerte, empezó a rechazar toda muestra de cariño y afecto por parte de cualquier persona, cerrándose totalmente en sí misma con tan solo 4 años. Triste, ¿verdad? Una niña que no estuvo tranquila en su infancia porque soñaba que iba a perder a la gente que quería como perdió a su abuelo, una adolescente que no pudo dejar de atormentarse por todo y, hoy en día, una chica que no sabe cómo salir de todo esto.

Su madre la escuchó unos meses después de la muerte de su bisabuelo, cuando estaba sola en su habitación, llorar diciendo:
-Por favor, abuelo, llévame contigo. Yo solo quiero estar contigo.



16.

"Deberías adelgazar" dijeron sus padres.

Sus compañeras se rieron por pesar 54 kg.

¿Respuesta? Dejó de comer. Aún sigue pagando esto a día de hoy.



15.

Escuchó a sus padres hablar mientras ella seguía encerrada en la habitación.

-¿Qué estará haciendo? Últimamente se pasa el día ahí.
-Ella y sus tonterías, ya la conoces.

Pero la realidad era algo muy diferente.


13.

Y todo vuelve como un flash en su cabeza, ya es demasiado tarde para escapar.

Ella estaba estudiando para su último examen cuando, de repente, le llama alguien. No reconoce el número, pero, ¿qué más da? "Ni que fuera un número oculto para no cogerlo", piensa. Entonces descuelga.

-¿Diga? -pregunta ella mientras escucha risas, o eso cree.
-¿Hola? -vuelve a preguntar.
-Hola -responde un chico-, ¿eres tú la fea del pueblo, no? Qué asco das, no sé cómo puedes salir de casa con esa cara y ese cuerpo, ¡gorda!, ¡asquerosa! -se escucha a una chica reírse, ella sabe al instante quién es.

Quita el móvil de su oreja, demasiado dolor, aguanta, siguen insultándola. "Bueno -piensa ella-, realmente solo están diciendo la verdad, doy asco", entonces ellos cuelgan. Se levanta de la silla y va junto a su padre.

-Papá -dice, temblorosa-, ¿puedes cambiarme el número de móvil, por favor?
-Claro, ¿por qué?
-Nada... -entonces rompe a llorar y se ve obligada a contar lo ocurrido.

Este hecho ha marcado más su vida que numerosos años de acoso escolar, ¿el por qué? Nadie lo sabe.


martes, 12 de febrero de 2013

11.

-Sabes que tu peor enemigo eres tú, ¿no? -su madre la miraba fijamente después de pronunciar estas palabras, que se clavaban como un puñal en el corazón de su hija, esperando respuesta.

-Sí, -contestó ella, el problema es que tú pareces no saberlo, porque te pido ayuda y me ignoras, como si todo fuera pasajero, como si fuera una tontería, como si no te importara lo más mínimo sí lo sé -bajó la mirada y se fue de la habitación, no podía permitir que la vieran llorar.



lunes, 11 de febrero de 2013

10.

-Me encuentro mal, mamá -le toma el pulso en el cuello.
-Necesito tomarte el pulso en la muñeca.
-¿Te sirve la derecha? Es que ahí no tengo pulseras.
-Quítate las pulseras -intenta quitárselas.
-Creo que ya me encuentro algo mejor, mamá.
-¿Qué tienes ahí? Quítatelas.

Empiezan a forcejear, el padre la agarra y la madre le quita las pulseras. Entonces lo ve todo.

-¿Por qué? - pregunta.
-... -ella está paralizada, atemorizada, ¿cómo han podido descubrirla tan pronto?. Puede leer perfectamente la palabra "decepción" en sus ojos.
-Tu madre te ha hecho una pregunta.
-Es que me odio -susurra.
-¿Te odias? No me hagas reír, ¿en dónde has visto esto? No vas a volver a tener televisión ni móvil ni Internet.
-Te estoy diciendo la verdad.
-No te creo.
-Mamá, necesito ayuda.
-Eso es mentira, es todo una tontería tuya.