martes, 5 de marzo de 2013

41.

-¿Por qué te gusta tanto ir al gimnasio? -preguntó él.
-Pues... -se quedó pensativa un momento-, porque estoy gorda; porque no puedo dejar de comer como el año pasado; porque me doy demasiado asco; para intentar ser buena en algo; para ser delgada como cuando era pequeña; para que no se sigan riendo de mí; para dejar de dar asco; para que me dejen de rechazar porque soy gorda y fea; porque, ya que no puedo dejar de ser fea, por lo menos dejar de ser gorda; porque necesito sentir cómo la grasa se quema; porque necesito matarme y sentir el dolor; porque así me desahogo; porque nunca seré buena en nada; porque soy un fallo; porque nunca nadie me querrá; porque cada día me odio más; porque necesito que mi mente se calle; necesito que ella se calle; porque necesito sentir ese entumecimiento al sobreentrenar porque, no sé, supongo que le he cogido el gusto a hacer ejercicio -respondió, finalmente, con la sonrisa rota.


No hay comentarios:

Publicar un comentario