Cuatro de la mañana, mira a su alrededor. Oscuridad. Siente cómo la abraza. Le gusta. La oscuridad es pacífica, hermosa, hipnotizante. ¿Cuándo empezará a torturarme mi cabeza?, se pregunta. Pero esa noche no lo hará, esa noche su mente no hará nada, la dejará sola, vacía, sin nada a lo que se pueda aferrar. Se tumba sobre su costado y abraza a la almohada, a veces desearía tener a alguien a quien abrazar esas noches de insomnio, pero no lo quiere reconocer. Sigue con los ojos abiertos, con la mirada perdida. Necesita que alguien la salve, pero ella no quiere eso. Necesita debe salir de eso ella sola, sino no tendrá mérito. Es dependiente de sí misma y aún no lo sabe, depende de su mente, de su autodestrucción, de su maltratado físico... Sabe que tendría que pedir ayuda pero, ¿para qué? ¿Para que otra vez crean que solo intenta llamar la atención? ¿Para que se rían de ella? ¿Para que, aún encima, la regañen? No, ella se metió en esto, y ella debe salir sola. Y si no consigue salir, morirá intentándolo. Se lo prometió a sí misma. Y nunca se debe romper una promesa.

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