Es gracioso cómo cuando apenas comes tienes un "buen día", vives en una pequeña nube de euforia, que sabes que se esfumará en cuanto te mires en el espejo.
Ella lo sabía, pero, aún así, tenía que aprovecharlo, ¿quién sabe cuándo se volvería a sentir así? Toda la mañana estuvo mal, no le habían vendido las pastillas porque "eran para diabéticos", y no quisieron vendérselas. Necesitaba esas pastillas porque quitaban todo el apetito posible, y quemaban la grasa sobrante de tu cuerpo. Necesitaba esas pastillas. Pero no puede comprarlas.
Al mediodía todo "se arregló", no comió ni 500 calorías en toda la mañana y, en la tarde, apenas 150. Seguramente estén la mayoría más que quemadas, eso la aliviaba y la hacía sentir bien. No estoy enferma, se dice para estar enferma debería estar delgada. Tal vez hoy tenga más suerte con los vómitos, que, por ahora, no logra llevar a cabo.

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