Ella se mira al espejo, ¿y qué ve? Ve fealdad, amargura, defectos, grasa, ve todo lo malo...¿acaso hay algo bueno en ella? Por supuesto que no.
Sigue mirándose y nota cómo los ojos se le inundan, no pestañees -piensa ella-. Le duelen los ojos, pero sigue con la mirada fija en el espejo, sin pestañear, recorriendo uno a uno todos sus defectos y, después, volviendo a hacer ese recorrido. Las lágrimas comienzan a caer mientras los ojos le siguen doliendo por no pestañear. No puede pestañear, debe seguir mirándose para ver el monstruo que es. Necesita seguir haciéndolo, necesita seguir torturándose. Es lo único que puede hacer.
Cierra los ojos y suspira, mira sus brazos, gordos y sebosos. Qué asco. Mira sus piernas, más gordas aún y llenas de estrías y cicatrices. Su barriga, hinchada por la regla. Quiero morir -susurra mientras las lágrimas siguen cayendo-, quiero morir porque nunca lograré ser perfecta.

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