-¿Y tú pretendes que alguien te quiera siendo así? ¿Pretendes tener amigos? No sé ni cómo te soporta la gente con la que sales. Eres rara, y si no cambias no te querrá nadie nunca.
Aunque dejara de ser lo que tú denominas "rara", nada cambiaría respecto al amor que ella pueda recibir de otras personas. No la entiendes ni nunca lo harás. Es gracioso porque se suponía que ella "tenía que hacer lo que le gustara, sin importarle lo que los demás pensaran", pero es todo fachada. En realidad ellos no eran tan diferentes de la gente superficial a la que criticaban. Su hija siempre tenía que estar perfectamente arreglada, peinada, vestida y con una actitud ejemplar o, de lo contrario, se avergonzarían de ella, y la castigarían por ello.
-¿Por qué vistes así? Pareces un chico, y esa ropa de hace muchísimo más gorda.
¿Por qué vestía así? Porque se sentía mejor con ella misma porque era ella de verdad, no lo que tú pretendías que fuera. Esa ropa "de chico" la hacía sentirse cómoda, no tenía que enseñar su cuerpo, todo era más fácil.
-¡Vaya pelos! Y luego te extrañas de que te llamen fea.
Eso, obviamente ayudaba muchísimo en el desarrollo de su autoestima con tan pocos años. Eso ayudaba demasiado a que la estancia en casa, después de venir de un sitio donde la insultaban y le hacían bullying en todo su esplendor, fuera agradable.
-Mírate -mientras se reía-, no tienes pecho y no estás tan buena como yo. A mí siempre me piropean por la calle, ¿y a ti? -más risas-.
Decirle esto a una niña de 11 años a la que aún no le ha venido la regla, tiene bastante "mérito", por decirlo de algún modo.
Quizás ella tiene la visión un tanto distorsionada de la realidad, pero el pasado se mide con hechos, y los hechos son esos. Duelen. Pero eso, realmente, le da igual. El pasado, pasado es; pero, cuando les escucha decir que no son superficiales, no puede con tal hipocresía. Simplemente no puede. Y, a veces, explota. Y la cosa no suele acabar bien.

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